En un tiempo muy antiguo, en una tierra desconocida, llena de lugares hermosos y poco comunes en el mundo, vivía un hombre de piel oscura y ojos tristes, alto y algo temeroso, pero de un corazón muy noble, era llamado Louis y era muy conocido entre los suyos. El negro vivía bajo el mandato de un hombre , cual no se le conocía nombre, pues solo andaba en su casa y el único que lo conocía personalmente era Louis. Ambos pasaban sus días juntos en una cabaña no tan grande, pero lo suficiente para pasar la vida tranquilos. Mientras el amo se la pasaba leyendo libros y escribiendo cartas, Louis se paseaba por toda la casa limpiando y ordenando lo poco que su acompañante movía; raras veces salía, pero cuando lo hacía aprovechaba en saludar a todos sus amigos y familiares con los cuales compartía momentos de alegría y algo de diversión.
Un día, como cualquiera, su amo le pregunta sobre el mundo afuera de su casa, buscando la forma de entablar una conversación con ese hombre que le ayudaba en las cosas que él necesitaba. Louis, con la confianza que su amo le había dado durante toda la estadía en su casa, le dijo todo lo que veía y no calló nada. Le contó que el mundo se había vuelto loco y que no entendía por qué los hombres se odiaban tanto, se mataban entre sí como animales y que los valores entre los hombres habían sido olvidados; agregó que habían grupos que deseaban con ansias inmensas eliminar a los que no sean igual a ellos y que los otros deseaban exactamente lo mismo. El amo, no se inmutó siquiera y solo atino a lanzar una carcajada. De pronto, le invito a Louis que se sentara a su lado, y así lo hizo su criado sin saber que era lo que necesitaba; asombrado quedó el negro cuando escuchó las primeras palabras:
“Hace muchos años pensé que al escapar del mundo y su realidad algo en ella cambiaría. Sin embargo, escuchar que todo sigue igual me demuestra que mi sacrificio fue en vano. Ya años atrás, querido Louis, mis padres me enseñaron que más vale morir por lo que amamos que por lo que deseamos; y me aseguré siempre de no olvidarlo. Cuando crecí, amigo mío, me enamoré de una mujer muy distinta a mí, y no por su condición social, sino por su color de piel. Yo pertenecía a una “raza” y ella a una “clase” en la cual no éramos aceptados en ningún grupo. Sin embargo, ella y yo nos amamos. Su familia se enteró y me separó de ella. La busqué por todo el mundo, viaje cielo y tierra, pero jamás la encontré.”
Louis se quedó helado y no entendía la relación entre lo que veía en el mundo, lo que le había contado a su amo y lo que este le contaba. Pese a esto continuó escuchando:
“Veo tu rostro y entiendo tu incomprensión Louis, has sido mi único amigo desde que decidí alejarme del mundo para no hacerle daño a nadie nuevamente. Amar a esa mujer y lastimarla con todo lo que tuvo que vivir, ese sentimiento, me hizo dar marcha atrás. Y ahora paso a explicarte qué es todo esto que te digo. Hace siglos trajeron a nuestros ancestros para servir a los blancos y cuando ellos se independizaron de los blancos, creyeron que todo sería como en los cuentos de hada y tendrían su final feliz. Desgraciadamente, amado Louis, si fue así.”
El negro se quedó, atontado, y antes de que reaccionara a preguntar fue interrumpido:
“Sí, así fue, los negros fueron libres y vivieron felices por algunos años, lograron conservar sus costumbres e inculcárselas a otros, pudieron tener su familia y dirigirla según creían conveniente, llegaron a obtener grandes cargos en la política y ser grandes artistas, deportistas e incluso llegaron a participar de una vida social libre. Pero no duró mucho, la ideología injusta e irracional de los blancos volvió a surgir y empezaron con una masacre en la cual no solo negros murieron, sino también todos aquellos que no fueran al igual que ellos. Nosotros respetábamos mucho a los demás, pero llegó a tal punto que nuestros valores fueron a la basura en defensa de nuestras vidas. Es así que regresamos al ‘mundo’, solo algunos sobrevivientes y aunque parezca mentira, aunque esa matanza acabó, la idea de que los NO BLANCOS somos indignos sigue en la innata y perspicaz idea del ser humano. A partir de ese acto cobarde, Louis, toda la gente nos ve distintos, aun cuando tienen muchos rasgos y costumbres que, sin que ellos lo sepan, nos pertenecen. El mundo avanzó y sobresalimos a ese tiempo, pese a ello nunca fuimos los mismos. Los negros querían ser blancos y dominar a otros negros, olvidando su hermandad y alegría con la cual llegaron nuestros padres y abuelos a esta tierra. Los negros querían tener dinero y criados; se comportaban como blancos para sentirse como ellos y no como nosotros. Por eso decidí no ver el futuro, pues imaginaba algo atroz, pero veo aun no llega ese día y que las cosas siguen igual.”
Con un leve suspiro, Louis tomo del hombro a su amo y lo miró directamente a los ojos. No emitieron palabras por varios minutos, solo deseaban pensar en un futuro mejor, donde negros y blancos olvidaran de verdad esa tonta idea de seres diferentes y recordaran su igualdad innata, esa que se les inculcaron desde que escucharon de Dios. Pero Louis no calló más y le habló:
“Señor, el mundo está igual desde hace décadas, no ha cambiado mucho desde ese entonces, pero estando aquí encerrados tampoco hacemos nada para cambiarlo. Por qué no salimos y cultivamos un poco de amor y sabiduría entre los hombres, que se olviden de sus odios y prejuicios; que se conozcan unos a otros y vivan alegres y felices, entre música y baile, costumbres y vivencias como lo hicieron en algún momento nuestros ancestros.”
El amo se quedó sorprendido ante la sonrisa indescriptible de Louis, lo miró, se levantó de su sillón, vio a través de su ventana y lo único que llegó a responder fue:
“Si aun está la esperanza viva, al menos en un hombre, todo es posible.”
jueves, 13 de octubre de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
